Clasificación
Es un
texto historiográfico, fuente secundaria, de naturaleza política.
Este fragmento pertenece a la obra La
República asediada. Hostilidad internacional y conflictos internos
durante la guerra civil, obra
de varios autores especialistas en el tema, coordinada por Paul
Preston, quien escribe la introducción a la cual pertenece este
fragmento. Este libro se publica en Barcelona, en 1999.
Paul
Preston es un reconocido historiador e hispanista británico
(Liverpool, 1946). Especializado en la II República y la guerra
civil española. La
obra está destinada a la comunidad científica y al público en
general.
Análisis
Ideas
principales: Se presenta la guerra civil en perspectiva desde los
diversos estudios historiográficos. El autor afirma que la guerra
civil española se inscribe en el marco europeo de la crisis de los
años 30.
En
esencia dicho enfrentamiento se explica desde dos puntos de vista:
uno interno y otro externo. Según el interno, su origen hay que
buscarlo en los conflictos sociales. Desde el punto de vista externo,
no fue sino un capítulo más de lo que el autor llama la Gran Guerra
Civil europea, un período que va desde 1914 hasta 1945.
De
igual modo el autor aduce la caída de la República a causa internas
y externas. En las internas se apunta a los movimientos
revolucionarios de la extrema izquierda, cuyas energías se aplicaron
más en promover sus revoluciones que en resolver unidos el conflicto
bélico. En las externas, tanto a los ataques del fascismo
internacional como a la irresponsable indiferencia mostrada por las
democracias.
Explicación:
La II República ha sido el conflicto de clases más importante de
nuestra historia. Donde mejor se observa este conflicto social,
aunque no únicamente, es en el problema agrario. Cuando los
gobiernos del primer bienio reformista y más aún del más radical
del Frente Popular atacaron los privilegios sociales de la clase
dominante (militares, industriales, latifundistas e Iglesia), que
poseían suficiente poder para defenderlos, la enfureció y
contraatacó. Los desajustes entre clase gobernante y clase
dominante, la incapacidad de aquella en acabar con ésta en cuanto
clase dominante, explican el fracaso de la República española.
Pero
el gobierno republicano, no sólo perdió el apoyo de la derecha,
también perdió el de la extrema izquierda. El poderoso sindicato
anarcosindicalista sintió que las reformas de Azaña estaban lejos
de sus objetivos y organizaron huelgas revolucionarias para instaurar
un estado anticapitalista. Al comienzo de la Guerra Civil se produjo
una auténtica revolución social y política en las mismas regiones
y sectores sociales que se decían adictos a la República,
ocasionando impotencia y confusión en el gobierno. Más aún, la
revolución fue una hidra de varias cabezas, a veces mordiéndose
furiosamente entre sí, cuyas juntas y
comités obraron autónomamente
y
“antepusieron
sus ambiciones revolucionarias al propósito de realizar un esfuerzo
bélico centralizado”.
Si la
Guerra civil española estalló a causa de enfrentamientos
sociales españoles, pronto
tomó un carácter internacional, ya que dicho enfrentamiento
reflejaba fielmente las disputas políticas que tenían lugar en
Europa en ese momento entre el fascismo y la democracia por un lado y
la oposición al comunismo ateo por el otro.
Ambos
bandos necesitaban apoyo exterior y la propaganda
jugó un papel clave. Los Nacionalistas
arguyeron representa la causa del la Cristiandad, el orden y la
civilización occidental frente al Comunismo. Los Republicanos
argumentaron
que ellos eran el gobierno legítimamente elegido, que padecían el
ataque de generales antidemocráticos y de dictaduras fascistas.
Alemania
e Italia ayudaron a Franco. Gran Bretaña y Francia permanecieron
neutrales y promovieron una política de no intervención e
intentaron con escaso éxito evitar la ayuda exterior a los bandos
beligerantes. Los Estados Unidos, influidos por el poderoso lobby
Católico, también adoptaron una política de no intervención. Ello
impidió que la República comprase armamento abiertamente y mermó
su capacidad de resistir la amenaza Nacionalista.
La República recibió ayuda principalmente de dos fuentes, la URSS y
las Brigadas Internacionales.
Contexto
histórico del texto: El
texto que comentamos apareció tras cumplirse el sexagésimo
aniversario del estallido de la Guerra Civil. En 1986 se había
cumplido el 50 aniversario y tuvo más repercusión en el extranjero
que en la propia España a causa del “Pacto de olvido”, acuerdo
tácito colectivo que expresó el deseo general de la gran mayoría
del pueblo español de asegurar una transición pacífica a la
democracia.
Contexto
histórico español de la guerra civil:
Económicamente, el país había estado fuertemente golpeado por la
Gran Depresión iniciada en 1929.
En parte, esta crisis económica hizo caer la Dictadura de Primo de
Rivera. En 1931 el rey abdicó tras la victoria republicana en las
elecciones municipales de 1931.
La
política española que siguió fue la de un país profundamente
dividido entre nacionalistas
de
derecha y republicanos
de izquierda. Los nacionalistas
recibían el apoyo de conservadores, monárquicos, latifundistas,
empresarios, la Iglesia y el ejército.
Los republicanos
estaban
formados principalmente por reformistas, sindicatos de obreros y
campesinos. Ambas rivalidades políticas ocuparon el poder
gubernamental tras procesos electorales. En 1936, el país se hallaba
tan dividido e inestable que el ejército se rebeló para echar del
poder a los republicanos.
Así
empezó la Guerra Civil.
Contexto
histórico europeo de la guerra civil:
La guerra civil española ocurrió en medio de una era en que además
de las dos guerra mundiales, hubo guerras civiles en muchos países
de Europa en el período de entreguerrras, pues las hubo en Rusia,
Finlandia, Letonia, Hungría, Yugoslavia, Grecia y en Polonia, y
muchos otros países estuvieron a punto de verse sacudidos por
conflictos internos. Las causas las hallamos en las profundas
transformaciones económicas acaecidas a comienzos del siglo XX,
acompañados también de cambios sociales y culturales. La cultura y
la sociedad tradicionales fueron desafiadas por la irrupción de la
modernindad como
nunca lo habían sido anteriormente, produciéndose una gran
conflictividad. La transformación de la vida ordinaria por la
tecnología fue paralela el ascenso de una nueva ideología política
y social, que, en ciertos casos, evolucionó en movimientos de masas.
El liberalismo decimonónico se había convertido en un movimiento
conservador y fue desafiado por el anarquismo, socialismo, comunismo
y el fascismo.
Lo que singulariza la guerra civil española es por ser la única que
estalló en la Europa Occidental y hacerlo en un momento en que se iniciaba un
proceso democrático
Comentario
La guerra civil española fue el enfrentamiento político y militar
más importante de Europa durante la década anterior a la II Gran
Guerra. No sólo polarizó a los españoles, también produjo una
fuerte reacción entre millones de europeos y americanos.
Izquierdistas y muchos liberales la denominaron “fascismo contra
democracia”, “el pueblo contra la oligarquía”, “revolución
contra contrarrevolución”, incluso “el futuro contra el pasado”.
Derechistas y conservadores la llamaron la pugna de “cristianismo
contra ateísmo”, “civilización occidental contra comunismo”,
“España contra anti-España” y “ley y orden contra
subversión”. Etiquetas todas ellas antitéticas; sin embargo, no
siempre se excluyen mútuamente, pues dicho conflicto fue
extremadamente complicado y contradictorio, y hay más o menos verdad
en esas apelaciones, aunque algunas son más acertadas que otras.
Sorprende la contraposición entre la unanimidad entusiástica con la
que fue recibida la República y su triste final. El entusiasmo se
explica porque el advenimiento de la República no fue
sólo fue un cambio de régimen, también produjo una revolución en
las expectativas de cambio social de la clase trabajadora. Existían
reivindicaciones que eran producto del pasado y que ahora se
acumulaban en una demanda global, pero además el propio cambio
político las multiplicaba. La desaparición del
entusiasmo inicial fue seguida rápidamente por un ambiente hosco y
violento. Entre
1931-36,
España se polarizó políticamente. Pero cuando fue proclamada la II
República, nadie “salvo
una pequeña minoría fanática de las extremas derecha e izquierda
creía que los problemas de España podían ser resueltos únicamente
con la guerra” (Paul
Preston).
Al
final del proceso
España era el reflejo de lo acaecido en un pequeño pueblo el día
de su patrono, en que uno de los bandos se empeñaba en salir armado
para escoltar la procesión, mientras que el otro, también armado,
pretendía evitarlo. Es decir, una parte de España se sintió
amenazada por la otra y cometió el error, nunca justificable, de
alzarse contra ella.
Entre
las causas de la guerra civil las hay estructurales
(una sociedad suficientemente modernizada para desbordar el sistema
oligárquico de la Restauración, pero no lo suficiente para adoptar
un sistema de democracia avanzada), de
comportamiento
(una sociedad en plena transformación que antes de llegar a la fase
de madurez, es entrampada
a mitad de su camino),
de mentalidad
(ideologías absolutas que ilegitiman e incluso eliminan toda
oposición);
las hay más inmediatas: económicas
(crisis
económica, alza de precios y
del
desempleo),
político-sociales
(el
rechazo de unas necesarias reformas tanto por la clase dominante como
por los partidos y organizaciones revolucionarias, la falta de
respecto a la constitución y a las normas de la democracia, las
tensiones entre Cataluña y el País Vasco y el Estado central, el
desorden público, la
descomposición política), ideológicas
(la
espinosa
cuestión
religiosa que
enajenó la España
católica
del
sistema republicano, la
“quema de conventos” que
marcó
el tono de las relaciones entre la izquierda republicana y el
catolicismo,
la
demonización del oponente).
Conclusión
La
II República concluyó en un trágico episodio de discordia civil
pero fue la única experiencia realmente democrática que vivió
España antes de 1977. Aunque su final fue consecuencia de la falta
de respeto a las normas de la democracia. Una
vida democrática estable no se adquiere por ensalmo, sino que es
producto de factores diversos como que el grado de tensión social no
sea excesivo, nivel cultural, un aprendizaje y, sobre todo,
desarrollo económico. La modernización
había sido suficiente para desechar una Monarquía que se
identificaba con el pasado, pero pronto se descubrió que también
era insuficiente para crear una democracia plena; si la transición
hacia un régimen político nuevo hubiese sido menos abrupta, si las
necesarias reformas se hubiesen producido de forma más escalonada,
se hubiera llevado a cabo más pausadamente pero de modo más firme.
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