miércoles, 30 de abril de 2014

Comentario de la Guerra Civil


Clasificación
Es un texto historiográfico, fuente secundaria, de naturaleza política. Este fragmento pertenece a la obra La República asediada. Hostilidad internacional y conflictos internos durante la guerra civil, obra de varios autores especialistas en el tema, coordinada por Paul Preston, quien escribe la introducción a la cual pertenece este fragmento. Este libro se publica en Barcelona, en 1999.
Paul Preston es un reconocido historiador e hispanista británico (Liverpool, 1946). Especializado en la II República y la guerra civil española. La obra está destinada a la comunidad científica y al público en general.

Análisis
Ideas principales: Se presenta la guerra civil en perspectiva desde los diversos estudios historiográficos. El autor afirma que la guerra civil española se inscribe en el marco europeo de la crisis de los años 30.
En esencia dicho enfrentamiento se explica desde dos puntos de vista: uno interno y otro externo. Según el interno, su origen hay que buscarlo en los conflictos sociales. Desde el punto de vista externo, no fue sino un capítulo más de lo que el autor llama la Gran Guerra Civil europea, un período que va desde 1914 hasta 1945.
De igual modo el autor aduce la caída de la República a causa internas y externas. En las internas se apunta a los movimientos revolucionarios de la extrema izquierda, cuyas energías se aplicaron más en promover sus revoluciones que en resolver unidos el conflicto bélico. En las externas, tanto a los ataques del fascismo internacional como a la irresponsable indiferencia mostrada por las democracias.
Explicación: La II República ha sido el conflicto de clases más importante de nuestra historia. Donde mejor se observa este conflicto social, aunque no únicamente, es en el problema agrario. Cuando los gobiernos del primer bienio reformista y más aún del más radical del Frente Popular atacaron los privilegios sociales de la clase dominante (militares, industriales, latifundistas e Iglesia), que poseían suficiente poder para defenderlos, la enfureció y contraatacó. Los desajustes entre clase gobernante y clase dominante, la incapacidad de aquella en acabar con ésta en cuanto clase dominante, explican el fracaso de la República española.
Pero el gobierno republicano, no sólo perdió el apoyo de la derecha, también perdió el de la extrema izquierda. El poderoso sindicato anarcosindicalista sintió que las reformas de Azaña estaban lejos de sus objetivos y organizaron huelgas revolucionarias para instaurar un estado anticapitalista. Al comienzo de la Guerra Civil se produjo una auténtica revolución social y política en las mismas regiones y sectores sociales que se decían adictos a la República, ocasionando impotencia y confusión en el gobierno. Más aún, la revolución fue una hidra de varias cabezas, a veces mordiéndose furiosamente entre sí, cuyas juntas y comités obraron autónomamente y antepusieron sus ambiciones revolucionarias al propósito de realizar un esfuerzo bélico centralizado”.
Si la Guerra civil española estalló a causa de enfrentamientos sociales españoles, pronto tomó un carácter internacional, ya que dicho enfrentamiento reflejaba fielmente las disputas políticas que tenían lugar en Europa en ese momento entre el fascismo y la democracia por un lado y la oposición al comunismo ateo por el otro.
Ambos bandos necesitaban apoyo exterior y la propaganda jugó un papel clave. Los Nacionalistas arguyeron representa la causa del la Cristiandad, el orden y la civilización occidental frente al Comunismo. Los Republicanos argumentaron que ellos eran el gobierno legítimamente elegido, que padecían el ataque de generales antidemocráticos y de dictaduras fascistas.
Alemania e Italia ayudaron a Franco. Gran Bretaña y Francia permanecieron neutrales y promovieron una política de no intervención e intentaron con escaso éxito evitar la ayuda exterior a los bandos beligerantes. Los Estados Unidos, influidos por el poderoso lobby Católico, también adoptaron una política de no intervención. Ello impidió que la República comprase armamento abiertamente y mermó su capacidad de resistir la amenaza Nacionalista. La República recibió ayuda principalmente de dos fuentes, la URSS y las Brigadas Internacionales.
Contexto histórico del texto: El texto que comentamos apareció tras cumplirse el sexagésimo aniversario del estallido de la Guerra Civil. En 1986 se había cumplido el 50 aniversario y tuvo más repercusión en el extranjero que en la propia España a causa del “Pacto de olvido”, acuerdo tácito colectivo que expresó el deseo general de la gran mayoría del pueblo español de asegurar una transición pacífica a la democracia.
Contexto histórico español de la guerra civil: Económicamente, el país había estado fuertemente golpeado por la Gran Depresión iniciada en 1929. En parte, esta crisis económica hizo caer la Dictadura de Primo de Rivera. En 1931 el rey abdicó tras la victoria republicana en las elecciones municipales de 1931.
La política española que siguió fue la de un país profundamente dividido entre nacionalistas de derecha y republicanos de izquierda. Los nacionalistas recibían el apoyo de conservadores, monárquicos, latifundistas, empresarios, la Iglesia y el ejército. Los republicanos estaban formados principalmente por reformistas, sindicatos de obreros y campesinos. Ambas rivalidades políticas ocuparon el poder gubernamental tras procesos electorales. En 1936, el país se hallaba tan dividido e inestable que el ejército se rebeló para echar del poder a los republicanos. Así empezó la Guerra Civil.
Contexto histórico europeo de la guerra civil: La guerra civil española ocurrió en medio de una era en que además de las dos guerra mundiales, hubo guerras civiles en muchos países de Europa en el período de entreguerrras, pues las hubo en Rusia, Finlandia, Letonia, Hungría, Yugoslavia, Grecia y en Polonia, y muchos otros países estuvieron a punto de verse sacudidos por conflictos internos. Las causas las hallamos en las profundas transformaciones económicas acaecidas a comienzos del siglo XX, acompañados también de cambios sociales y culturales. La cultura y la sociedad tradicionales fueron desafiadas por la irrupción de la modernindad como nunca lo habían sido anteriormente, produciéndose una gran conflictividad. La transformación de la vida ordinaria por la tecnología fue paralela el ascenso de una nueva ideología política y social, que, en ciertos casos, evolucionó en movimientos de masas. El liberalismo decimonónico se había convertido en un movimiento conservador y fue desafiado por el anarquismo, socialismo, comunismo y el fascismo.
Lo que singulariza la guerra civil española es por ser la única que estalló en la Europa Occidental y hacerlo en un momento en que se iniciaba un proceso democrático
Comentario
La guerra civil española fue el enfrentamiento político y militar más importante de Europa durante la década anterior a la II Gran Guerra. No sólo polarizó a los españoles, también produjo una fuerte reacción entre millones de europeos y americanos. Izquierdistas y muchos liberales la denominaron “fascismo contra democracia”, “el pueblo contra la oligarquía”, “revolución contra contrarrevolución”, incluso “el futuro contra el pasado”. Derechistas y conservadores la llamaron la pugna de “cristianismo contra ateísmo”, “civilización occidental contra comunismo”, “España contra anti-España” y “ley y orden contra subversión”. Etiquetas todas ellas antitéticas; sin embargo, no siempre se excluyen mútuamente, pues dicho conflicto fue extremadamente complicado y contradictorio, y hay más o menos verdad en esas apelaciones, aunque algunas son más acertadas que otras.
Sorprende la contraposición entre la unanimidad entusiástica con la que fue recibida la República y su triste final. El entusiasmo se explica porque el advenimiento de la República no fue sólo fue un cambio de régimen, también produjo una revolución en las expectativas de cambio social de la clase trabajadora. Existían reivindicaciones que eran producto del pasado y que ahora se acumulaban en una demanda global, pero además el propio cambio político las multiplicaba. La desaparición del entusiasmo inicial fue seguida rápidamente por un ambiente hosco y violento. Entre 1931-36, España se polarizó políticamente. Pero cuando fue proclamada la II República, nadie “salvo una pequeña minoría fanática de las extremas derecha e izquierda creía que los problemas de España podían ser resueltos únicamente con la guerra” (Paul Preston).
Al final del proceso España era el reflejo de lo acaecido en un pequeño pueblo el día de su patrono, en que uno de los bandos se empeñaba en salir armado para escoltar la procesión, mientras que el otro, también armado, pretendía evitarlo. Es decir, una parte de España se sintió amenazada por la otra y cometió el error, nunca justificable, de alzarse contra ella.
Entre las causas de la guerra civil las hay estructurales (una sociedad suficientemente modernizada para desbordar el sistema oligárquico de la Restauración, pero no lo suficiente para adoptar un sistema de democracia avanzada), de comportamiento (una sociedad en plena transformación que antes de llegar a la fase de madurez, es entrampada a mitad de su camino), de mentalidad (ideologías absolutas que ilegitiman e incluso eliminan toda oposición); las hay más inmediatas: económicas (crisis económica, alza de precios y del desempleo), político-sociales (el rechazo de unas necesarias reformas tanto por la clase dominante como por los partidos y organizaciones revolucionarias, la falta de respecto a la constitución y a las normas de la democracia, las tensiones entre Cataluña y el País Vasco y el Estado central, el desorden público, la descomposición política), ideológicas (la espinosa cuestión religiosa que enajenó la España católica del sistema republicano, la “quema de conventos” que marcó el tono de las relaciones entre la izquierda republicana y el catolicismo, la demonización del oponente).
Conclusión
La II República concluyó en un trágico episodio de discordia civil pero fue la única experiencia realmente democrática que vivió España antes de 1977. Aunque su final fue consecuencia de la falta de respeto a las normas de la democracia. Una vida democrática estable no se adquiere por ensalmo, sino que es producto de factores diversos como que el grado de tensión social no sea excesivo, nivel cultural, un aprendizaje y, sobre todo, desarrollo económico. La modernización había sido suficiente para desechar una Monarquía que se identificaba con el pasado, pero pronto se descubrió que también era insuficiente para crear una democracia plena; si la transición hacia un régimen político nuevo hubiese sido menos abrupta, si las necesarias reformas se hubiesen producido de forma más escalonada, se hubiera llevado a cabo más pausadamente pero de modo más firme.

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