martes, 11 de marzo de 2014

Dictadura de Primo de Rivera

Esquema
 1.    Decadencia del régimen de la Restauración
 1.1.         Oposición
 1.2.         El problema colonial de Marruecos y el impacto de la I Guerra Mundial
 1.3.         La revuelta de 1917
 1.4.         La solución Militar: golpe de Estado de Primo de Rivera
 1.5.         Apoyo monárquico y opinión pública favorable
 2.    Política del nuevo régimen
 2.1.         Ausencia de vida parlamentaria. Partido único.
 2.2.         Representaciones corporativas
 2.3.         Militarización de la gestión
 2.4.         Regeneracionismo: se desmonta el caciquismo
 2.5.         Nacionalismo español versus nacionalismo periférico.
 2.6.         Orden público
 2.7.         Reforma de las administraciones provincial y local
 2.8.         Fin de la guerra de Marruecos
 2.9.         Dictadura militar y dictadura civil
 3.    Economía
 3.1.         Nacionalismo económico e intervencionismo.
 a)    Regulación del mercado interior y proteccionismo.
 b)    Creación del Consejo Económico Nacional.
 c)    Fomento de la producción:
·         Protección fiscal
·         Créditos favorables
 d)   Plan Nacional de Infraestructuras
 e)    Confederaciones hidrográficas
 f)     Creación de monopolios
 4.    Crisis de la dictadura
 4.1.         Oposición
 4.2.         Incapacidad de generar una salida al estado de excepción
 4.3.         Caída del dictador
 4.4.         Caída de la monarquía

España entra en el siglo xx con una realidad social que desborda los límites previstos por el sistema diseñado por Cánovas. Nuevos problemas se harán presentes: la guerra de Marruecos, el auge de los nacionalismos, el aumento de la población y de las tensiones sociales.
El liberalismo oligárquico, incapaz de reformarse a sí mismo, se hundía en el desprestigio y la inestabilidad. El encarecimiento de la vida y el desequilibrio salarial causados por la Guerra Mundial exacerbaron las tensiones sociales que condujeron a la crisis de 1917. Superada la sacudida revolucionaria, trece Gobiernos se sucedieron entre 1917 y 1923. El desastre de Annual sitúa a Alfonso XIII al borde de la abdicación, pero, siguiendo el modelo de otros países europeos, se va a intentar un sistema autoritario: la dictadura de Primo de Rivera.
La razón principal de la victoria del golpe de 14 de septiembre fue que no sólo en el Ejército sino en la sociedad española no había quien estuviera dispuesto a luchar por el Gobierno. El rey aceptó el golpe de Estado del general Primo de Rivera como hecho consumado. El Gobierno liberal en el poder muestra una actitud pasiva. Los catalanistas tienen una actitud de reserva y atención. El problema social desatado sobre todo en Barcelona lleva a la burguesía a buscar en el nuevo sistema una solución. El Partido Socialista y la UGT no se oponen. La opinión pública lo recibe con entusiasmo. La razón estriba en que la regeneración, ese objetivo ansiosamente perseguido en décadas anteriores, parecía hacerse ahora viable en la figura de un general recibido como un auténtico Mesías. La única oposición vino de un grupo de intelectuales como Unamuno, Pérez de Ayala y Azaña. El programa de Primo de Rivera, un tanto vacuo en cuanto a soluciones concretas, se centró en resolver los problemas fundamentales que le condujeron al poder: caciquismo, conflictividad social, guerra de Marruecos y situación económica.
La dictadura, que siempre se concibió como un régimen temporal, se divide en dos etapas: Directorio Militar (1923-1926) y Directorio Civil (1926-1930). Se controló el orden público declarando el estado de guerra e imponiendo la censura. Su espíritu regeneracionista le lleva a la destrucción de la oligarquía y el caciquismo. Para ello se elaboró el Estatuto Municipal, obra de Calvo Sotelo, en un sentido marcadamente democrático y autonomista, ya que permitía el voto femenino y la elección democrática de alcaldes, pero estas reformas fueron rechazadas. La absoluta totalidad de los alcaldes seguirían nombrados por el Estado, a través del Ministerio de la Gobernación. El propósito regeneracionista quedaba pues por completo incumplido. Si se provocó la crisis del caciquismo fue por marginar del poder a los partidos del turno. La aprobación del Estatuto sólo supuso el aumento del gasto y, por tanto, la mejora de las infraestructuras municipales. Entre 1923 y 1924 se quiso poner en marcha lo que Joaquín Costa  había denominado política quirúrgica. Se disolvió todos los Ayuntamientos y Diputaciones y se nombró a unos delegados gubernamentales en cada partido judicial para que se encargaran de su inspección. En esencia, su actuación fue superficial. Como dijo Azaña, el regeneracionismo, si de verdad quería serlo debía nacer de una movilización espontánea hecha en un clima de libertad. La dictadura redujo la libertad y con ello dificultó el regeneracionismo. Nada cambió en la verdadera entraña de la vida política nacional.
Con este mismo espíritu de regeneración se formó un partido único, la Unión Patriótica, que pretendía no sólo terminar con la vieja política sino procurar una nueva, pero nunca se prohibió el resto de partidos. La UP se fundó en abril de 1924 para que fuera una organización de apoyo al régimen. Era un ejemplo perfecto de imprecisión, sin un papel y contenido ideológico claro. Primo de Rivero llegó a definirla como un partido político, pero apolítico, que ejerce una acción político-administrativa. Tradicionalistas, católicos y conservadores nutrieron principalmente sus filas. Fue tan circunstancial como el Gobierno y desapareció con él.
La mayor popularidad se consiguió en el terreno militar al terminar con la guerra de Marruecos. En principio, se había declarado partidario de abandonar la empresa marroquí, consciente de su impopularidad, sobre todo entre las clases populares, y de la escasa capacidad técnica del Ejército español. Pero las circunstancias impusieron el cambio de política de Primo de Rivera. Los errores de Abd-el-Krim causaron dicho cambio y el éxito de Primo de Rivera. El líder rifeño atacó a los franceses, provocando la acción coordinada de Francia y España. El desembarco de Alhucemas (IX-1925) se saldó con un éxito espectacular.  A partir de ese año Marruecos dejó de ser un problema. Fue el mayor triunfo de Primo de Rivera y explica su voluntad de permanencia.
En diciembre de 1925, el general imaginó un paso hacia la normalidad en forma de constitución de un Directorio civil. Como necesitaba compaginar su autoritarismo con liturgias parademocráticas e influir también sobre la voluntad del monarca, escenificó una especie de plebiscito informal de adhesión a su régimen. Al año siguiente convocó una Asamblea Nacional consultiva, no elegida, que fue presentada como un procedimiento para facilitar la vuelta a la legalidad. Sus miembros pertenecían todos ellos a la derecha conservadora y redactaron un proyecto de Constitución autoritaria que contenía limitaciones al ejercicio de los derechos. Como este proyecto no satisfacía al Dictador ni a sus colaboradores, se planteó de nuevo el problema de cómo conseguir que el régimen adquiriera legalidad. En realidad lo que hizo el dictador fue afirmar su voluntad de permanencia en el poder sin indicar un camino preciso para salir del régimen dictatorial.
A partir de 1925 se fue produciendo una creciente separación entre la vida política oficial y la sociedad catalana. La dictadura promulgó un Estatuto Provincial muy restrictivo respecto a la autonomía regional. En 1925 se disolvió la Mancomunidad y en 1926 se prohibió expresamente cualquier intento del catalanismo político de reanudar su propaganda política. Más decisiva en el enfrentamiento fue la agresión dictatorial contra la lengua y las instituciones sociales catalanas, que causó indignación en la sociedad catalana, pues, como dijo Cambó, el catalanismo tiene su origen más en los sentimientos que en los intereses materiales. La consecuencia fue que el catalanismo burgués y posibilista representado por Cambó fuera desplazado por el más radical de Macià, convertido por la dictadura en símbolo de resistencia nacional.
La atención a los problemas sociales y el intento de resolver la lucha de clases atrae la colaboración de los socialistas y la UGT. El Dictador nunca pretendió una radical transformación social y practicó una paternal intervención en los asuntos sociales. Se creó un alto órgano consultivo: el Consejo Nacional de Trabajo, Comercio e Industria, seguido del Instituto de Reformas Sociales, que impulsaron el Código de Trabajo, legislación que se centró en  temas  fundamentales como la contratación, la regulación sobre accidentes laborales y los tribunales industriales.  Pero lo más importante de esta política social fue la organización corporativa mediante los comités paritarios en los que estaban igualmente representados patronos y obreros. Según Primo de Rivera no se trata ya de que los distintos elementos sociales luchen ni contiendan sino que se articulen y colaboren. Esta organización corporativa y la estabilidad en el empleo propició una paz social con el consiguiente restablecimiento del orden público. A partir de 1923 el número de huelgas disminuyó.
La dictadura es un paréntesis de calma y prosperidad en el siglo XX español. La década de la dictadura fue la de los felices años veinte y Primo de Rivera se vio ámpliamente beneficiado por una situación de auge económico, común a todas las latitudes y que él mismo no había contribuido a crear. La política económica estuvo vinculada a un nacionalismo regeneracionista presidido por  el proteccionismo y la intervención estatal. Se fomentó la construcción de obras públicas como carreteras -en esta época apareció el automóvil-, y vías de ferrocarril. Se crearon las Confederaciones Hidrográficas, la más importante de ellas: la Confederación del Ebro, gracias a la cual se mejoró y amplió el riego de miles de  hectáreas.  En la industria se trató de llevar a la práctica un nacionalismo, más o menos autárquico, dirigida  por el recién creado Consejo de Economía Nacional. La creación del Monopolio de Petróleos CAMPSA es la muestra más fehaciente de dicho nacionalismo. Su finalidad primordial fue proporcionar un alivio a las necesidades fiscales. El aspecto más discutible de esta intervención del Estado es la financiación del gasto. No se produjo una reforma fiscal, sino que fue la emisión de Deuda el gran motor de la expansión económica. El efecto de la política económica sobre la producción industrial fue bueno, pero el gran beneficiario fue sólo el sector pudiente de la sociedad española. Las transformaciones sociales fueron mucho más modestas y no se enfrentó al problema agrario de campesinos sin tierra. Si la dictadura fue incapaz de poner en marcha un modelo político nuevo, el económico se le agotó con la crisis económica de 1929.
A pesar de sus indiscutibles realizaciones, los problemas de fondo que aquejaban a España no se resolvieron, sólo se arrinconaron. Al final de su mandato Primo de Rivera cuenta con la oposición  de los nacionalistas; con la de los miembros de la vieja clase política, pues su lucha contra el caciquismo les había desorganizado el sistema en que se apoyaban; con la de los  socialistas que un primer momento habían colaborado con el régimen; con la de los intelectuales -grupo poco numeroso pero muy influyente en la opinión pública- cuyas fricciones fueron casi constantes desde el primer momento. Unamuno fue exiliado. En 1929 hubo graves incidentes estudiantiles. Los estudiantes, entre quienes eran ya frecuentes las mujeres, se politizaron rápidamente en sentido republicano llegando a colocar en el Palacio Real un cartel en el que se leía Se alquila.  También tuvo en la oposición  a determinados sectores del ejército, como se manifestó en la Sanjuanada, VI-1926. Pero la ruptura de relaciones del Dictador con el ejército se produjo con el conflicto artillero a causa de la política de ascensos, que afectó no sólo al régimen sino a la monarquía, pues se consideró que había una evidente connivencia entre el Rey y el Dictador. Mientras tanto, la coyuntura económica positiva de los años veinte se deterioró gravemente y los conflictos sociales reaparecieron en 1929. Primo de Rivera, que había conquistado el poder sin derramamiento de sangre, hecho excepcional al tratarse de un golpe militar, protagonizó otro hecho aún más excepcional: quien siendo un dictador dimite.
Como no se habían dado soluciones para la evolución política del régimen, era muy difícil la vuelta a la normalidad constitucional. Aunque la dictadura de Primo de Rivera no se puede considerar como el inmediato antecedente de la República, si se puede decir que la engendró por el deterioro que supuso para la monarquía. Esta caería inmediatamente detrás de la dictadura. La posibilidad de una vuelta a un pasado agotado y desprestigiado favoreció un sentimiento generalizado en contra del régimen e incluso contra Alfonso XIII a quien no se le exime de responsabilidades y se le acusa de haber traicionado la Constitución.


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