miércoles, 19 de febrero de 2014

La FETRE y "La Mano Negra"

Clasificación:
Se trata de un texto circunstancial, en concreto, de una declaración de la Comisión Federal Española, de Marzo de 1883. Esta declaración fue recogida por Anselmo Lorenzo (1841-1914) en su libro El Proletariado militante. A. Lorenzo fue un obrero tipográfico que militó activamente en el movimiento obrero, fundador de la Federación Regional Española de la Primera Internacional y difusor en la Península de las concepciones libertarias.
Circunstancias histórico-temporales: Dicha declaración tuvo lugar con motivo de dos crímenes cometidos en Jérez en diciembre de 1882, que el gobierno de Sagasta atribuyó a una organización terrorista: la “Mano Negra” y sirvió de escusa para llevar a cabo una injustificada persecución de la FTRE, pues se estableció una absoluta sinonimia entre los sindicalistas y el grupúsculo violento de la “Mano Negra”.
La FTRE (Federación de Trabajadores de la Región Española) surgió de la clandestina FRE, la cual, al liberalizarse la legislación sobre asociaciones obreras con la llegada al poder de Sagasta en 1881, pudo celebrar un primer Congreso en Barcelona. Del segundo Congreso de Sevilla (1882), saldrá la Comisión que redactará la declaración objeto de este comentario.

Análisis:
Este fragmento se divide en dos partes muy diferenciadas; en la primera, que ocupa los tres primeros párrafos, se explica la naturaleza y razón de ser de la FTRE: se definen como anarquistas, que quieren abolir toda autoridad -Los anarquistas hacen una crítica moral y política del poder, porque para ellos es la autoridad, el Estado, el causante de las perturbaciones en la vida humana-; colectivistas -defienden la propiedad colectiva frente a la propiedad privada del liberalismo burgués y creen que la libertad del individuo se alcanza dentro de una comunidad solidaria-; y federados en agrupaciones de trabajadores agrícolas e industriales, estructuradas de abajo arriba, libres y autónomas. No pretenden conquistar el poder sino reducirlo a una organización económica descentralizada que solucione las desigualdades sociales.
En la segunda, que corresponde al último párrafo, hallamos un manifiesto de protesta que denuncia la maniobra gubernamental contra la FTRE, que condena el terrorismo y que niega cualquier relación con organizaciones del tipo de la “Mano Negra”.

Comentario: El movimiento obrero durante la Restauración y sus variantes organizativas, con especial atención al anarquismo.
Antecedentes: Tres son las corrientes que confluyen en el incipiente movimiento obrero: el obrerismo catalán que luchaba por el reconocimiento del derecho de asociación para la defensa de sus intereses; los campesinos, especialmente en Andalucía, descontentos por la venta de los bienes comunales mediante la Desamortización de Madoz en 1855; y un grupo muy minoritario de intelectuales inclinados hacia el socialismo utópico. Primero los obreros, posteriormente los campesinos, fueron familiarizándose con los términos: huelga, asociación, revolución social, proletariado.
Este movimiento, que al iniciarse la Revolución del 68 se alinea con las posiciones ideológicas del liberalismo radical, va desarrollando una conciencia propia cuyos dos rasgos más característicos son el anticlericalismo y el utopismo. Se forman en toda España secciones de la Internacional, se fundan periódicos y en 1870 se celebra en Barcelona el primer Congreso Obrero, constitutivo de la Federación Regional Española de la Asociación Internacional de Trabajadores, que adopta la línea bakunista: organización a base de agrupaciones sindicales por oficios, federadas de forma descentralizada, la huelga como táctica y, sobre todo, se rechaza la acción política parlamentaria y las alianzas con los partidos burgueses.
El bakunismo español tuvo un hondo arraigo entre el proletariado español. Entre sus causas:
  • La situación socioeconómica: el escaso e irregular desarrollo económico del país, que hace de España un país sobre todo agrícola. El bakunismo resultaba atractivo al campesinado con sus ideales de formas sociales comunitarias y su desconfianza ante la autoridad central.
  • La realidad político-institucional: el surgimiento de un Estado liberal, centralizado y urbano, ajeno a la realidad diversificada y agraria del país; contra él se levantan el carlismo y el anarquismo. A ello deben sumarse la decepción popular ante la práctica política de los pronunciamientos, cambios de régimen en nombre de principios y promesas nunca respetados, caciquismo y corrupción, que influyeron en el éxito de posturas antipolíticas.
  • La psicología social: el proceso de secularización que sufre la sociedad española a mediados del siglo XIX. Una nueva fe, en la cultura y la ciencia, sustituye a la religiosa. Los principios ético-sociales que antes había guardado la Iglesia (la igualdad humana esencial, la solidaridad de los humildes) pasa a ser patrimonio de los apóstoles anarquistas.
En 1871, como efecto de la general condena europea de los acontecimientos de la Comuna de París, los internacionalistas sufrieron la represión, que continuó en los primeros años de la Restauración. Se persiguió a los internacionalistas de la AIT, se cerraron sus lugares de reunión y se prohibieron sus órganos de expresión. Se impone la clandestinidad y las tácticas insurreccionales (anarcomunismo) frente a las propiamente sindicales (anarcosindicalismo).
La FRE sufre una crisis ideológica, eco de la crisis de la Internacional en 1872, a causa de la polémica marxista-bakunista en torno a dos cuestiones:
  • Organizativas: los marxistas abogan por la centralización y el autoritarismo; los bakunistas por la autonomía de las federaciones.
  • Tácticas: los bakunistas propugnan la abstención en todo acción parlamentaria y condena cualquier contacto con las organizaciones políticas, limitando la lucha al terreno económico (la huelga) o insurreccional (la acción directa). Los marxistas insisten, sin descartar la acción ilegal, en la participación en la vida política parlamentaria con objeto de mejorar la situación del proletariado.
En España, figuras como Francisco Mora, Pablo Iglesias y José Mesa son atraídos al terreno marxista.
A partir de los primeros años de la Restauración, el número de asociados baja progresivamente, apenas se publican periódicos y se pierde el contacto con la base obrera.
La llegada del liberal Sagasta al poder en 1881 supondrá un respiro a la movilización obrera. Ya se ha mencionado arriba que se convocó un primer Congreso en Barcelona en que se constituye la FTRE. Sus comienzos son prometedores pues un año más tarde se reúne en Sevilla un segundo Congreso en el que están representadas más de doscientas Federaciones Locales con cerca de cincuenta mil federados. Pero tuvo una rápida decadencia, debida no sólo a los efectos de la represión indiscriminada por los acontecimientos de la “Mano Negra”, sino también a las divisiones internas: la federaciones andaluzas defienden la acción directamente revolucionaria, mientras que los líderes catalanes se decantan por las tendencias sindicales. Dicha división era reflejo de la división sociológica: jornaleros a destajo andaluces por un lado, obreros catalanes por otro, con necesidades y problemas difíciles de poner de acuerdo estratégica y tácticamente.
Tras la represión de 1883 -el proceso a la “Mano Negra” se convirtió en un proceso general a los anarquistas-, y a causa de las divisiones mencionadas, el anarquismo español entrará en un largo período de decadencia. La FTRE se disolvió en 1888. Una de las organizaciones que surgieron de su seno fue “Pactos de Unión y Solidaridad”, que se fortalece con la celebración de los Primeros de Mayo a partir de 1890, entra en crisis en 1893 y a comienzos de siglo resurge con fuerza para acabar cristalizando en Solidaridad Obrera, convertida en 1910 en la CNT, que practica, como táctica, la acción directa para perturbar el orden capitalista y dar unidad y conciencia al proletariado con vistas al asalto final, que revestiría la forma de una huelga general revolucionaria.
Los Socialistas, que habían fundado en la clandestinidad el partido socialista en 1879, no tuvieron apenas transcendencia más allá del pequeño número de tipógrafos e intelectuales que se había configurado como grupo marxista madrileño frente a la mayoritaria tendencia bakunista.
En 1882 el PSOE y la UGT celebran sus congresos en Barcelona al amparo del derecho de asociación ya citado arriba. En su ideario revolucionario hallamos la Dictadura del Proletariado, la abolición de la propiedad privada, la estatalización de los bienes de producción y la desaparición de las clases sociales. Defendían el sufragio universal y, al igual que los anarquistas, el derecho de asociación, manifestación y huelga, la jornada de 8 horas, la eliminación del trabajo infantil y la igualdad de los derechos de la mujer.




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