Clasificación:
Se
trata de un texto circunstancial, en concreto, de una declaración
de la Comisión Federal Española, de Marzo de 1883. Esta declaración
fue recogida por Anselmo Lorenzo (1841-1914) en su libro El
Proletariado militante. A.
Lorenzo fue un obrero tipográfico que militó activamente en el
movimiento obrero, fundador de la Federación Regional Española de
la Primera Internacional y difusor en la Península de las
concepciones libertarias.
Circunstancias
histórico-temporales:
Dicha declaración tuvo
lugar con motivo de dos crímenes cometidos en Jérez en diciembre de
1882, que el gobierno de Sagasta atribuyó a una organización
terrorista: la “Mano Negra” y sirvió de escusa para llevar a
cabo una injustificada persecución de la FTRE, pues se estableció
una absoluta sinonimia entre los sindicalistas y el
grupúsculo violento de la “Mano Negra”.
La
FTRE (Federación de Trabajadores de la Región Española) surgió de
la clandestina FRE, la cual, al liberalizarse la legislación sobre
asociaciones obreras con la llegada al poder de Sagasta en 1881, pudo
celebrar un primer Congreso en Barcelona. Del segundo Congreso de
Sevilla (1882), saldrá la Comisión que redactará la declaración
objeto de este comentario.
Análisis:
Este
fragmento se divide en dos partes muy diferenciadas; en la primera,
que ocupa los tres primeros párrafos, se explica la naturaleza y
razón de ser de la FTRE: se definen como anarquistas,
que quieren abolir
toda autoridad -Los anarquistas hacen una crítica moral y política
del poder, porque para ellos es la autoridad, el Estado, el causante
de las perturbaciones en la vida humana-; colectivistas
-defienden
la propiedad colectiva frente a la propiedad privada del liberalismo
burgués y creen que la libertad del individuo se alcanza dentro de
una comunidad solidaria-; y federados
en
agrupaciones de trabajadores agrícolas e industriales, estructuradas
de abajo arriba, libres y autónomas.
No pretenden conquistar el poder sino reducirlo a una organización
económica descentralizada que solucione las desigualdades sociales.
En la segunda, que corresponde al último párrafo, hallamos un
manifiesto de protesta que denuncia la maniobra gubernamental contra
la FTRE, que condena el terrorismo y que niega cualquier relación
con organizaciones del tipo de la “Mano Negra”.
Comentario: El movimiento obrero durante la Restauración y sus
variantes organizativas, con especial atención al anarquismo.
Antecedentes:
Tres son las corrientes que confluyen en el incipiente movimiento
obrero: el obrerismo catalán que luchaba por el reconocimiento del
derecho de asociación para la defensa de sus intereses; los
campesinos, especialmente en Andalucía, descontentos por la venta de
los bienes comunales mediante la Desamortización de Madoz en 1855; y
un grupo muy minoritario de intelectuales inclinados hacia el
socialismo utópico. Primero los obreros, posteriormente los
campesinos, fueron familiarizándose con los términos: huelga,
asociación, revolución social, proletariado.
Este movimiento, que al iniciarse la Revolución del 68 se alinea con
las posiciones ideológicas del liberalismo radical, va desarrollando
una conciencia propia cuyos dos rasgos más característicos son el
anticlericalismo y el utopismo. Se forman en toda España secciones
de la Internacional, se fundan periódicos y en 1870 se celebra en
Barcelona el primer Congreso Obrero, constitutivo de la Federación
Regional Española de la Asociación Internacional de Trabajadores,
que adopta la línea bakunista: organización a base de agrupaciones
sindicales por oficios, federadas de forma descentralizada, la huelga
como táctica y, sobre todo, se rechaza la acción política
parlamentaria y las alianzas con los partidos burgueses.
El bakunismo español tuvo un hondo arraigo entre el proletariado
español. Entre sus causas:
- La situación socioeconómica: el escaso e irregular desarrollo económico del país, que hace de España un país sobre todo agrícola. El bakunismo resultaba atractivo al campesinado con sus ideales de formas sociales comunitarias y su desconfianza ante la autoridad central.
- La realidad político-institucional: el surgimiento de un Estado liberal, centralizado y urbano, ajeno a la realidad diversificada y agraria del país; contra él se levantan el carlismo y el anarquismo. A ello deben sumarse la decepción popular ante la práctica política de los pronunciamientos, cambios de régimen en nombre de principios y promesas nunca respetados, caciquismo y corrupción, que influyeron en el éxito de posturas antipolíticas.
- La psicología social: el proceso de secularización que sufre la sociedad española a mediados del siglo XIX. Una nueva fe, en la cultura y la ciencia, sustituye a la religiosa. Los principios ético-sociales que antes había guardado la Iglesia (la igualdad humana esencial, la solidaridad de los humildes) pasa a ser patrimonio de los apóstoles anarquistas.
En 1871, como efecto de la general condena europea de los
acontecimientos de la Comuna de París, los internacionalistas
sufrieron la represión, que continuó en los primeros años de la
Restauración. Se persiguió a los internacionalistas de la AIT, se
cerraron sus lugares de reunión y se prohibieron sus órganos de
expresión. Se impone la clandestinidad y las tácticas
insurreccionales (anarcomunismo) frente a las propiamente sindicales
(anarcosindicalismo).
La FRE sufre una crisis ideológica, eco de la crisis de la
Internacional en 1872, a causa de la polémica marxista-bakunista en
torno a dos cuestiones:
- Organizativas: los marxistas abogan por la centralización y el autoritarismo; los bakunistas por la autonomía de las federaciones.
- Tácticas: los bakunistas propugnan la abstención en todo acción parlamentaria y condena cualquier contacto con las organizaciones políticas, limitando la lucha al terreno económico (la huelga) o insurreccional (la acción directa). Los marxistas insisten, sin descartar la acción ilegal, en la participación en la vida política parlamentaria con objeto de mejorar la situación del proletariado.
En España, figuras como Francisco Mora, Pablo Iglesias y José Mesa
son atraídos al terreno marxista.
A partir de los primeros años de la Restauración, el número de
asociados baja progresivamente, apenas se publican periódicos y se
pierde el contacto con la base obrera.
La llegada del liberal Sagasta al poder en 1881 supondrá un respiro
a la movilización obrera. Ya se ha mencionado arriba que se convocó
un primer Congreso en Barcelona en que se constituye la FTRE. Sus
comienzos son prometedores pues un año más tarde se reúne en
Sevilla un segundo Congreso en el que están representadas más de
doscientas Federaciones Locales con cerca de cincuenta mil federados.
Pero tuvo una rápida decadencia, debida no sólo a los efectos de la
represión indiscriminada por los acontecimientos de la “Mano
Negra”, sino también a las divisiones internas: la federaciones
andaluzas defienden la acción directamente revolucionaria, mientras
que los líderes catalanes se decantan por las tendencias sindicales.
Dicha división era reflejo de la división sociológica: jornaleros
a destajo andaluces por un lado, obreros catalanes por otro, con
necesidades y problemas difíciles de poner de acuerdo estratégica y
tácticamente.
Tras la represión de 1883 -el proceso a la “Mano Negra” se
convirtió en un proceso general a los anarquistas-, y a causa de las
divisiones mencionadas, el anarquismo español entrará en un largo
período de decadencia. La FTRE se disolvió en 1888. Una de las
organizaciones que surgieron de su seno fue “Pactos de Unión y
Solidaridad”, que se fortalece con la celebración de los Primeros
de Mayo a partir de 1890, entra en crisis en 1893 y a comienzos de
siglo resurge con fuerza para acabar cristalizando en Solidaridad
Obrera, convertida en 1910 en la CNT, que practica, como táctica, la
acción directa para perturbar el orden capitalista y dar unidad y
conciencia al proletariado con vistas al asalto final, que revestiría
la forma de una huelga general revolucionaria.
Los Socialistas, que habían fundado en la clandestinidad el partido
socialista en 1879, no tuvieron apenas transcendencia más allá del
pequeño número de tipógrafos e intelectuales que se había
configurado como grupo marxista madrileño frente a la mayoritaria
tendencia bakunista.
En 1882 el PSOE y la UGT celebran sus congresos en Barcelona al
amparo del derecho de asociación ya citado arriba. En su ideario
revolucionario hallamos
la Dictadura del
Proletariado, la abolición de la propiedad privada, la
estatalización de los bienes de producción y la desaparición de
las clases sociales. Defendían el sufragio universal y, al igual que
los anarquistas, el derecho de asociación, manifestación y huelga,
la jornada de 8 horas, la eliminación del trabajo infantil y la
igualdad de los derechos de la mujer.
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