Se
trata del discurso de apertura de cátedras pronunciado por Giner
para el curso de 1880-1881, primero de su rectorado, del que se ha
extraído un fragmento significativo. Apareció por primera vez en el
Boletín de
Institución Libre de Enseñanza de 8 de octubre, 1880; por lo que su
destino es público y va dirigido a todas aquellas personas
interesadas en el ámbito educativo.
Autor: Francisco Giner de los
Ríos (1839-1915) fue cofundador y alma de la ILE. Manifestó una
actitud crítica frente a la España tradicional, lo cual le llevó a
renunciar y a ser expulsado de su cátedra de Historia del derecho y
Derecho internacional de la Universidad de Madrid. Su pensamiento se
identificó con el krausismo, por ello considera la educación como
la fuerza civilizadora que ejerce un mayor influjo en la sociedad y
su pedagogía se centra en la formación completa del hombre, pues la
elevación del nivel educativo conlleva la mejora de los
comportamientos.
Circunstancias histórico-temporales:
En el inicio de la Restauración de Cánovas, la nueva Constitución de 1876 reconoce la libertad de enseñanza, que hacen posible la
fundación del centro docente que Giner y sus amigos pretendían. Se llamará Institución Libre de Enseñanza y abrirá su
primer curso a finales de octubre de 1876.
Análisis
Empieza afirmando que el objetivo de la ILE es ayudar al educando a
incorporarse a la sociedad en que vive y dotarle de vocación para
mejorarla.
Seguidamente se hace referencia a su método pedagógico, a la
posición del educador respecto del educando, posición que se
concibe de mediación individualizada, atendiendo todos los aspectos
de la conducta humana e intelectual del educando.
Luego, sobre un fondo de crítica regeneracionista, presenta el canon
de alumno que se ha de lograr mediante una acción
verdaderamente educadora: hombre de carácter con su
propia personalidad afirmada, moral, con una conciencia ética que le
dicte la norma a seguir, entregado a su vocación, sano de cuerpo y
alma, trabajador, amante de la patria, sincero y respetuoso con las
ideas de todos, pero sin claudicar de sus propias convicciones.
Este discurso es una declaración de principios básicos de la labor
pedagógica de la ILE, en que se aprecia lo que se propuso y trató
de conseguir en materia de enseñanza: una paulatina formación
integral de hombres.
Comentario
La situación de la educación en España era deplorable pues
registraba un índice de analfabetismo muy por debajo de la media de
la Europa occidental. En la segunda mitad del siglo XIX, el 68% de
los varones y el 81% de las mujeres eran analfabetos. La Ley Moyano (1857) reguló
la actividad educativa hasta el final de la centuria. Era una ley que
permitía al Estado un control estricto de la educación, a la cual
destinó sólo entre un 0,5 y un 1,5 del presupuesto. Por otra parte
el Concordato de 1851 dejaba en manos de los obispos la censura de
los libros de texto y el control de la actividad de maestros y
profesores contrarios a la ortodoxia católica. La situación de la
universidad era de estancamiento. En primaria y, más aún en
secundaria, los bajos índices de escolarización eran bajos porque
los obreros no podían permitirse pagar la matrícula. La situación
de maestros y profesores de las escuelas públicas era de precariedad
económica y, por tanto, social.
La fundación de la Institución
se asienta sobre dos principios
básicos: libertad de enseñanza y libertad de cátedra, en clara
contestación al decreto de Orovio. Supondrá una alternativa a la
educación impartida por la Iglesia Católica, cuyos fundamentos
eran: memorizar el dogma frente a las ilusiones erróneas del
raciocinio, reprimir el propio cuerpo como origen de inclinaciones
indeseables frente a satisfacción natural de sus tendencias, y
amenazas morales frente a gratificación y libertad.
Nació con vocación universitaria, pero al ser una institución
privada no podía conceder títulos oficiales, por lo que la ILE
padecería la disminución sucesiva de matrículas en los cursos de
nivel universitario. Los problemas económicos hicieron que su
actividad de centrara en Enseñanza Secundaria; a partir del curso de
1878 a 1879 abriría centros de Enseñanza Primaria.
La ILE no adoptó ninguno sistema determinado. Consistía en las
explicaciones del profesor, los resúmenes personales sobre lo
explicado, las prácticas, los trabajos manuales... Se prescindió de
los libros de texto: los alumnos habían de servirse de los apuntes
de clase y de las obras recomendadas para su lectura. De aquí se
desprende la importancia que tuvo la Biblioteca en la ILE. Los niños
estudiaban durante las horas hábiles de clase, nunca en sus casas.
Los llamados “deberes” estaban prohibidos; el hogar debe
dedicarse al descanso, a las aficiones privadas, a la convivencia
familiar, al juego. También la ILE era contraria a exámenes,
títulos y diplomas.
Se pretendía una enseñanza primordialmente intuitiva que daba
prioridad a la observación y a la inducción frente a la simple
información y acumulación de datos. Es una escuela activa donde no
se anticipa la conclusión, sino que se espera que el alumno la
descubra a fin de dejarle la iniciativa y el placer de su trabajo.
También se perseguía la formación integral de hombres completos,
abiertos a todos los ámbitos del interés humano. Así la enseñanza
debía tener un carácter enciclopédico, no sólo ser adiestrado
para una habilidad particular. Se introdujo la gimnasia, el dibujo, los ejercicios manuales, literatura, antropología, geología,
arte... y, la más trascendental de todas: la fusión de la primera y
segunda enseñanzas.
Una
de las bases de su pedagogía lo constituyeron las excursiones. Se
visitaron museos, iglesias, estaciones de ferrocarril, comercios,
fábricas, fundiciones, imprentas, periódicos, espacios naturales...
Su aspecto instructivo era obvio, pero también los profesores
imbuían hábitos de higiene, de convivencia con la naturaleza, de
esfuerzo físico para lograr un fin, de buenas maneras en el
comportamiento cotidiano, de ayuda mutua, de respetuosa confianza, de
austeridad... También introdujeron las colonias escolares.
Entre sus innovaciones pedagógicas se halla la coeducación, un
principio irrenunciable para Giner, puesto que quería colmar con
urgencia el abismo cultural y social que en su tiempo separaba a la
mujer del hombre. Para ILE la escuela no debe enrarecer
irracionalmente el ambiente social natural. Niños y niñas deben
observar el trato normal que se desarrolla en cualquier familia.
Respecto al problema sumamente delicado de la religión, la ILE fue
una escuela neutra que se declaró independiente respecto a toda
religión positiva. La filosofía de Giner era tolerante y alejó de
su escuela las ideas que dividen, las causas de disensión como eran
los dogmatismos religiosos y las intransigencias políticas. Se
procuró no dañar la confesión privada de las familias y de los
alumnos, entre los cuales había librepensadores, católicos
practicantes, algún protestante -por lo general, extranjeros-
indiferentes y algún ateo. En el profesorado sucedía lo mismo.
Conclusión valorativa
Tuvo un gran influjo en la renovación de la enseñanza media y
superior y en la reforma escolar republicana (1931-1936). Fue
trascendental para nuestra cultura contemporánea la creación en
1907 de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones
Científicas, gracias a los desvelos de Giner y sus colaboradores.
Dicha Junta fundó, entre otros, el Centro de Estudios Históricos,
la Residencia de Estudiantes y el Instituto de Biología Ramón y
Cajal.
Tras la guerra civil (1939), se prohíben sus actividades y se
incautan sus bienes debido a “sus notorias actuaciones contrarias a
los ideales del Nuevo Estado y a los intereses de la Patria”.
Medida coherente si escuchamos los “ideales del Nuevo Estado” de
boca del primer ministro de Educación tras la guerra, Pedro Sainz
Rodríguez: “La gran herejía de nuestro tiempo es el liberalismo
roussoniano (…) que afirma que el hombre es bueno por naturaleza,
frente a este dogma hay que contraponer la doctrina católica de que
el hombre es malo por causa del pecado original y de la caída que
envileció su alma”. Es decir, la inversión perfecta de la tesis
defendida por la ILE.
En nuestros días se reconoce el espíritu liberal y tolerante de la
enseñanza. La historia ha venido a dar la razón a los que siempre
ejercieron la comprensión, tolerancia y respeto a la conciencia
humana.
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