martes, 11 de febrero de 2014

Institución Libre de Enseñanza

Clasificación
Se trata del discurso de apertura de cátedras pronunciado por Giner para el curso de 1880-1881, primero de su rectorado, del que se ha extraído un fragmento significativo. Apareció por primera vez en el Boletín de Institución Libre de Enseñanza de 8 de octubre, 1880; por lo que su destino es público y va dirigido a todas aquellas personas interesadas en el ámbito educativo.
Autor: Francisco Giner de los Ríos (1839-1915) fue cofundador y alma de la ILE. Manifestó una actitud crítica frente a la España tradicional, lo cual le llevó a renunciar y a ser expulsado de su cátedra de Historia del derecho y Derecho internacional de la Universidad de Madrid. Su pensamiento se identificó con el krausismo, por ello considera la educación como la fuerza civilizadora que ejerce un mayor influjo en la sociedad y su pedagogía se centra en la formación completa del hombre, pues la elevación del nivel educativo conlleva la mejora de los comportamientos.
Circunstancias histórico-temporales: En el inicio de la Restauración de Cánovas, la nueva Constitución de 1876 reconoce la libertad de enseñanza, que hacen posible la fundación del centro docente que Giner y sus amigos pretendían. Se llamará Institución Libre de Enseñanza y abrirá su primer curso a finales de octubre de 1876.

Análisis
Empieza afirmando que el objetivo de la ILE es ayudar al educando a incorporarse a la sociedad en que vive y dotarle de vocación para mejorarla.
Seguidamente se hace referencia a su método pedagógico, a la posición del educador respecto del educando, posición que se concibe de mediación individualizada, atendiendo todos los aspectos de la conducta humana e intelectual del educando.
Luego, sobre un fondo de crítica regeneracionista, presenta el canon de alumno que se ha de lograr mediante una acción verdaderamente educadora: hombre de carácter con su propia personalidad afirmada, moral, con una conciencia ética que le dicte la norma a seguir, entregado a su vocación, sano de cuerpo y alma, trabajador, amante de la patria, sincero y respetuoso con las ideas de todos, pero sin claudicar de sus propias convicciones.
Este discurso es una declaración de principios básicos de la labor pedagógica de la ILE, en que se aprecia lo que se propuso y trató de conseguir en materia de enseñanza: una paulatina formación integral de hombres.

Comentario
La situación de la educación en España era deplorable pues registraba un índice de analfabetismo muy por debajo de la media de la Europa occidental. En la segunda mitad del siglo XIX, el 68% de los varones y el 81% de las mujeres eran analfabetos. La Ley Moyano (1857) reguló la actividad educativa hasta el final de la centuria. Era una ley que permitía al Estado un control estricto de la educación, a la cual destinó sólo entre un 0,5 y un 1,5 del presupuesto. Por otra parte el Concordato de 1851 dejaba en manos de los obispos la censura de los libros de texto y el control de la actividad de maestros y profesores contrarios a la ortodoxia católica. La situación de la universidad era de estancamiento. En primaria y, más aún en secundaria, los bajos índices de escolarización eran bajos porque los obreros no podían permitirse pagar la matrícula. La situación de maestros y profesores de las escuelas públicas era de precariedad económica y, por tanto, social.
La fundación de la Institución se asienta sobre dos principios básicos: libertad de enseñanza y libertad de cátedra, en clara contestación al decreto de Orovio. Supondrá una alternativa a la educación impartida por la Iglesia Católica, cuyos fundamentos eran: memorizar el dogma frente a las ilusiones erróneas del raciocinio, reprimir el propio cuerpo como origen de inclinaciones indeseables frente a satisfacción natural de sus tendencias, y amenazas morales frente a gratificación y libertad.
Nació con vocación universitaria, pero al ser una institución privada no podía conceder títulos oficiales, por lo que la ILE padecería la disminución sucesiva de matrículas en los cursos de nivel universitario. Los problemas económicos hicieron que su actividad de centrara en Enseñanza Secundaria; a partir del curso de 1878 a 1879 abriría centros de Enseñanza Primaria.
La ILE no adoptó ninguno sistema determinado. Consistía en las explicaciones del profesor, los resúmenes personales sobre lo explicado, las prácticas, los trabajos manuales... Se prescindió de los libros de texto: los alumnos habían de servirse de los apuntes de clase y de las obras recomendadas para su lectura. De aquí se desprende la importancia que tuvo la Biblioteca en la ILE. Los niños estudiaban durante las horas hábiles de clase, nunca en sus casas. Los llamados “deberes” estaban prohibidos; el hogar debe dedicarse al descanso, a las aficiones privadas, a la convivencia familiar, al juego. También la ILE era contraria a exámenes, títulos y diplomas.
Se pretendía una enseñanza primordialmente intuitiva que daba prioridad a la observación y a la inducción frente a la simple información y acumulación de datos. Es una escuela activa donde no se anticipa la conclusión, sino que se espera que el alumno la descubra a fin de dejarle la iniciativa y el placer de su trabajo. También se perseguía la formación integral de hombres completos, abiertos a todos los ámbitos del interés humano. Así la enseñanza debía tener un carácter enciclopédico, no sólo ser adiestrado para una habilidad particular. Se introdujo la gimnasia, el dibujo, los ejercicios manuales, literatura, antropología, geología, arte... y, la más trascendental de todas: la fusión de la primera y segunda enseñanzas.
Una de las bases de su pedagogía lo constituyeron las excursiones. Se visitaron museos, iglesias, estaciones de ferrocarril, comercios, fábricas, fundiciones, imprentas, periódicos, espacios naturales... Su aspecto instructivo era obvio, pero también los profesores imbuían hábitos de higiene, de convivencia con la naturaleza, de esfuerzo físico para lograr un fin, de buenas maneras en el comportamiento cotidiano, de ayuda mutua, de respetuosa confianza, de austeridad... También introdujeron las colonias escolares.
Entre sus innovaciones pedagógicas se halla la coeducación, un principio irrenunciable para Giner, puesto que quería colmar con urgencia el abismo cultural y social que en su tiempo separaba a la mujer del hombre. Para ILE la escuela no debe enrarecer irracionalmente el ambiente social natural. Niños y niñas deben observar el trato normal que se desarrolla en cualquier familia.
Respecto al problema sumamente delicado de la religión, la ILE fue una escuela neutra que se declaró independiente respecto a toda religión positiva. La filosofía de Giner era tolerante y alejó de su escuela las ideas que dividen, las causas de disensión como eran los dogmatismos religiosos y las intransigencias políticas. Se procuró no dañar la confesión privada de las familias y de los alumnos, entre los cuales había librepensadores, católicos practicantes, algún protestante -por lo general, extranjeros- indiferentes y algún ateo. En el profesorado sucedía lo mismo.

Conclusión valorativa
Tuvo un gran influjo en la renovación de la enseñanza media y superior y en la reforma escolar republicana (1931-1936). Fue trascendental para nuestra cultura contemporánea la creación en 1907 de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, gracias a los desvelos de Giner y sus colaboradores. Dicha Junta fundó, entre otros, el Centro de Estudios Históricos, la Residencia de Estudiantes y el Instituto de Biología Ramón y Cajal.
Tras la guerra civil (1939), se prohíben sus actividades y se incautan sus bienes debido a “sus notorias actuaciones contrarias a los ideales del Nuevo Estado y a los intereses de la Patria”. Medida coherente si escuchamos los “ideales del Nuevo Estado” de boca del primer ministro de Educación tras la guerra, Pedro Sainz Rodríguez: “La gran herejía de nuestro tiempo es el liberalismo roussoniano (…) que afirma que el hombre es bueno por naturaleza, frente a este dogma hay que contraponer la doctrina católica de que el hombre es malo por causa del pecado original y de la caída que envileció su alma”. Es decir, la inversión perfecta de la tesis defendida por la ILE.
En nuestros días se reconoce el espíritu liberal y tolerante de la enseñanza. La historia ha venido a dar la razón a los que siempre ejercieron la comprensión, tolerancia y respeto a la conciencia humana.





No hay comentarios:

Publicar un comentario